La cabra se sienta en la cama con una lencería negra que le aprieta las chichis y parte la sesión nomás. Está tatuada en los brazos y en una pierna, con la luz rosada de la pieza pegándole en la piel.
Muestra todo con calma, sin apuro, moviéndose poquito para la cámara. De vez en cuando se acomoda el pelo y sigue, relajada, como si estuviera sola en su pieza un día cualquiera de la semana.
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