Una santiaguina se graba con el celular en su pieza, a días de irse de Chile, con esa onda de chileporno casero que se sube sin edición. Está sin ropa de arriba, con un collar de plata puesto, y va probando ángulos sin esconder nada.
Se demora en acomodarse el pelo, tira una mirada a la pantalla y sigue grabando. Deja el celular apoyado en la mesa de noche y se queda mirándose un rato antes de cortar.
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