Una mina chilena se deja grabar en la pieza sin mayor preámbulo. El video es casero, se nota de lejos. Nada de luces ni producción, pura espontaneidad. Ella está ahí, conversando un segundo, y después parte todo sin que nadie diga nada.
La cabra se mueve con confianza, como si llevara años haciéndolo. El celular tiembla un poco cuando el gallo cambia de ángulo. No hay cortes, todo sigue de largo.
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