La cabra nueva del edificio resulta ser más suelta de lo que parecía. El gallo la invita a su pieza y ella entra sin pensarlo, en un par de minutos ya está sin ropa montándoselo sin miramientos.
Se nota que le gusta puesrque no para de gemir mientras el cabro la tiene por la cintura. La cama suena con cada movimiento, los dos sudan, y la ropa de ella sigue tirada en una silla al lado.
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