A la mina se le nota que está gozando de verdad. Tiene los ojos cerrados y se muerde el labio cada vez que el gallo la embiste más fuerte. Solo se escucha la respiración pesada entre los dos.
Él la tiene agarrada de las caderas y no afloja. Ella se agarra a las sábanas con las dos manos, toda mojada. Se quedan quietos un segundo, después siguen. El colchón rechina con cada movimiento.
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